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Las cicatrices que han dejado las protestas en Venezuela

La instalación de la todopoderosa Asamblea Constituyente chavista en Venezuela barrió las protestas contra el presidente Nicolás Maduro, y hoy, muchos de los que participaron se curan las heridas de la batalla: reinan las cicatrices y la desesperanza.

Y es que fueron más de cuatro meses en los que cientos de miles de venezolanos exigieron la salida del mandatario del poder con elecciones generales, enfrentándose a policías y militares que frustraban día tras día cada marcha conperdigones, gases lacrimógenos y hasta balas.

“El regimen ha logrado ganar, pero arrancó con ventaja porque controla las instituciones y tiene el dinero. Controló a sus adversarios con el uso de la fuerza y esos fracasos generaron frustración y fracturas en la oposición”, afirma a EL MUNDO el analista Luis Vicente León.

Yolyter Rodriguez, de 56, madre de tres hijos, posa en su casa de Caracas con una herida en la cabeza provocada por el impacto de un cartucho metálico de gas lacrimógeno en su cabeza. UESLEI MARCELINOREUTERS

Las manifestaciones dejaron, según el antiguo Ministerio Público que controlaba la ex fiscal rebelde Luisa Ortega, unos 125 fallecidos, mientras que la ONG de derechos humanos, Foro Penal Venezolano, eleva esa cifra a 133.

“Desde el 1 de abril hasta el 31 de julio, 133 personas han fallecido en el contexto de las manifestaciones. Al menos 4.000 heridos se han registrado y 5.051 personas han sido arrestadas arbitrariamente (…). 1.383 personas se mantienen tras las rejas”, precisa un reciente informe del Foro Penal.

La represión generó una amplia condena internacional, que incluyó a organizaciones como Naciones Unidas, Unión Europea, OEA, Mercosur, y una docena de países de la región, incluido Estados Unidos. España también se sumó a las críticas.

David Osorio, de 21 años, es profesor de inglés y fue herido en un ojo por el lanzamiento de una bomba de gas por parte de las fuerzas de Maduro. UESLEI MARCELINOREUTERS.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, por su parte, responsabilizó al gobierno de Maduro de “torturas, detenciones arbitrarias, maltratos y redadas violentas en hogares”. Además, culpó directamente a los cuerpos de seguridad por la muerte de 46 personas en las manifestaciones.

“Tenemos la difícil tarea de explicarle a tantos padres que la maldad sí existe, que no tiene que ver con lo que hayan hecho o dejado de hacer sus hijos, y que no hay argumento que les explique por qué esta noche no van a estar en casa, sino a merced de la barbarie“,comenta a EL MUNDO Gonzalo Himiob, director del Foro Penal, al hacer un balance de lo que dejaron las protestas.

Heridas de guerra

Varios venezolanos, como Yolyter Rodríguez, aún exhiben en sus cuerpos las cicatrices de las manifestaciones. Rodríguez, un ama de casa de 56 años, recibió el impacto de un cartucho metálico de gas lacrimógeno en su cabeza, que le causó una fractura craneal y daño cerebral. Aún se le ven los gruesos puntos de sutura, como si recién saliera de una cruenta guerra.

Protesto contra el hambre, por la libertad (…). Estoy en contra de prácticamente todo lo que el gobierno hace”, ha declarado a Reuters. Las protestas explotaron luego de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), brazo judicial de Maduro, se adjudicara las funciones del Parlamento, de mayoría opositora, a fines de marzo. Y se mantuvieron hasta inicios de agosto.

Najhud Najhla Colina, de 23 años, fue atropellada por un vehículo de antidisturbios y detenida en Caracas. UESLEI MARCELINOREUTERS.

Esa decisión provocó que Ortega, veterana chavista, rompiera con Maduro, convirtiéndose luego en una dura opositora de su Asamblea Constituyente para redactar una nueva Carta Magna.

Tanto la ex fiscal como la oposición consideraron “ilegal” la Constituyente -que regirá el país con poderes absolutos durante dos años-, porque no se consultó al pueblo en referendo si deseaba una nueva Constitución y porque estaba diseñada, según los opositores, para perpetuar a Maduro en el poder.

“Esta Asamblea Constituyente es una perversión para consolidarlos a ellos (el partido de gobierno) en el poder. Protesto contra eso”, ha indicado a Reuters Jofre Rodríguez, un joven de 18 años que ahora usa un bastón para poder caminar y un collarín, pues recibió un disparo en una vértebra.

Otra cápsula de gas lacrimógeno, que durante las protestas en Caracas era más común que la lluvia, le fracturó el cráneo a David Osorio, un profesor de inglés de 21 años. Por eso, perdió un ojo.

“Participé activamente en todas las marchas, porque las cosas han empeorado”, comenta Osorio a Reuters.

El abogado defensor de derechos humanos, Nizar El Fakih, ha asegurado a EL MUNDO que, tras las manifestaciones, Venezuela queda sumergida en una “impunidad alarmante”.

“Esa impunidad sienta las bases para que estas terribles violaciones de derechos humanos se intensifiquen. La ciudadanía queda frustrada y desolada, atacada como enemigo interno por quien debe ser su servidor. Y queda un sentimiento de orfandad, sobre todo para las víctimas sin rostro, y los cientos de miles de pobres que hoy no encuentran alimentos ni medicamentos”, acota.

La lucha continúa

Pero aunque las protestas se redujeron, la lucha continúa. Lilian Tintori, esposa del opositor preso, Leopoldo López, ha afirmado este pasado viernes que tras las manifestaciones la cantidad de presos políticos que hay en el país subió a 645. Varios de ellos, aseguró, han recibido tratos crueles.

“Estamos dispuestos a seguir luchando. Nos comprometemos a seguir trabajando y a luchar a la luz del ejemplo de nuestros caídos y de nuestros presos políticos para honrar a los primeros y para liberar a los segundos“, ha expresado.

Mientras se acercan las elecciones de gobernadores (octubre), la oposición pide a los ciudadanos votar para no regalarle espacios al gobierno, pero mantener la lucha en la calle.

Sin embargo, a las últimas protestas apenas asistieron cientos de personas. “El ciclo de protestas se cerró y no es fácil de reactivar, porque la gente pensó que lograría detener la Constituyente. Solo se podía detener si lo exigían los militares“, ha dicho a EL MUNDO el politólogo Luis Salamanca.

“La frustración hace más difícil cualquier acción, aunque eso no indica que luego no puedan reactivarse las protestas. No todo para la oposición ha sido una derrota:aisló internacionalmente a Maduro, generó divisiones internas y logró que la gran mayoría del país lo rechace“, afirma León, director de la firma Datanálisis, que coloca el rechazo a Maduro en 80%.

León aclara, eso sí, que cualquier cambio requerirá de la participación social: “Sin una población que se defienda, que bloquee un poder autocrático, no hay forma de cambiar al gobierno”. “El cambio en Venezuela ya está en el terreno en la fuerza”, añade Salamanca.

Aportado por Diego Santander- El Mundo.

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Written by venmi

La Comunidad Venezolana de Miami

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